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La motivación es una de las áreas de la psicología deportiva que más se ha estudiado y es considerada como uno de los factores claves a la hora de obtener un buen rendimiento. El éxito deportivo se fundamenta en un nivel alto de motivación pero además esta motivación alta, ha de estar bien orientada porque no cualquier tipo de motivación beneficia al jugador. Veamos los diferentes tipos de motivación que puede presentar un jugador:
Motivación positiva: Orientada a alcanzar el éxito. El jugador dedica tiempo, dedicación y esfuerzo para conseguir resultados positivos.
Motivación negativa: Orientada a evitar el fracaso. El jugador dedica tiempo, dedicación y esfuerzo para no obtener resultados negativos.
Si un observador analizara el entrenamiento de dos jugadores, uno de ellos con motivación positiva y el otro con motivación negativa, no encontraría ninguna diferencia en cuanto a cantidad de entrenamiento o entrega del jugador. La única diferencia sería el por qué y para qué entrenan uno y otro jugador. Esta diferencia se hace más acusada en competición. El jugador con motivación positiva intenta conseguir el mayor número de aciertos, de buenos golpes mientras que el jugador con motivación negativa busca no cometer errores, lo que le lleva a tener una actitud defensiva y de "miedo" ante la posibilidad de fallar golpes.
Motivación centrada en la tarea: El jugador entrena con el objetivo de conseguir mejorar sus habilidades (técnicas, físicas y psicológicas). El jugador se toma como referencia a si mismo.
Motivación centrada en los resultados: El jugador entrena con el objetivo de conseguir superar a los demás jugadores. Toma como referencia al resto de jugadores.
Aparentemente, la motivación correcta de cara a la competición sería la centrada en los resultados y la motivación centrada en la tarea sería conveniente para los jugadores en formación y fase de aprendizaje. Veamos como puede influir en el jugador el tener un tipo de motivación u otro.
Si un jugador sólo se centra en la posición que termina en la competición y ésta no es satisfactoria, puede caer en situaciones de falta de motivación y pérdida de autoconfianza provocado porque no cumple sus objetivos (que no dependen al cien por cien de su rendimiento ya que la posición de la competición depende también del rendimiento de los demás jugadores). Además este jugador se valorará a si mismo comparando sus resultados con el resto de jugadores y en función del rendimiento de los demás y no en función del suyo propio como sería lo lógico y deseable.
En cambio, si un jugador (profesional o amateur) está motivado por mejorar día a día sus habilidades técnicas, y dejando en un segundo plano los resultados de la competición ya que éstos son solamente una consecuencia de sus cualidades (cuanto mejor sea la técnica más probabilidad de obtener un mejor resultado) su autoconfianza y motivación por entrenar y mejorar no van a depender de los resultados y actuación de los demás. Su referencia será él mismo y como consecuencia de su propia mejora irá obteniendo mejores resultados en competición.
Si quiere que su autoconfianza y motivación no sufran altibajos márquese objetivos que dependan de usted al cien por cien, sin hacer referencia a los resultados de la competición y tome como referencia para estos objetivos su nivel actual. En el próximo artículo daremos unas pautas para planificar objetivos a corto y largo plazo.
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